Artidoro Gracia/febrero 2008
I
Voy ahí con frecuencia a buscarte. El aroma de las ricas flores y los largos caminos en curvas me hacen recordar los momentos vagando en abundantes bosques. Y en una sofocante soledad me conformo con mirar las aguas. El profundo cañón y sus valles producen mil silencios y ecos. Lo encuentro cubierto con brillantes luces y frecuentes miradas opacas. El cielo lleno de blancas curvas, contrasta con mis melancólicos sueños. En el andar errante me convierto como en un pequeño perro que ladra buscando comer en los pastizales, con su curiosa máscara puesta persigue a una asustada ardilla y unos conejos espantados se escapan y se esconden en gruesos abetos.
Un par de tórtolos que ensayan el cortejo de su latente amor parecen cómplices en su nido y se picotean mutuamente. Peinan su plumaje con sus miradas. El follaje de una enramada los envuelve en un completo idilio. Una paloma cruza fugazmente arrastrando el ruido de su vuelo y un depredador la persigue, unas veces entre las copas de los árboles, y otras, en las tranquilas olas del lago.
En esta melodía de tiempos y las ansias de tenerte conmigo me empujan a seguirte buscando. Pronto estaremos como ese par de tórtolos furtivos desprendiendo cientos de suspiros. Porque, ¿Sabes? Vengo a ti a llenarme de aromas, sabores, miradas y recuerdos. Y te encuentro en un gran lago brillante. Te miro desde atrás de unos pinos que parecen verdes veladoras. Estás encendida, esperándome. ¡Regreso a estos tus paisajes! Llenos de eternas jacarandas, con enredados gladiolos rojos y mil recodos en las veredas. Largos caminos que serpentean, van y vienen, suben y bajan, cobijados con sombras muy planas. En el piso y en las blancas paredes hay pinceladas de muchos colores. Miro sin cesar tus bugambilias; verdes, moradas, rojas y lilas, las recoges y me llenas de suspiros. Con ellas pintas con risas y juegas con flores de claveles en mis horizontes.
Luego recorremos cabañas y follajes y terminamos entramados con prontitud. Parecemos estar pintados con luz, radiantes y llenos de barnices, rodeados de taludes con pastos. Los troncos oscuros de los pinos son las barras de acero forjado que nos protegen y ocultan de las miradas indiscretas. Comparto contigo los olores de brea y el perfume de la mojada tierra…
II
Hoy el sol se levantó temprano. Subió por encima del nublado y acarició el valle con sus luces. La densa neblina se levantó cobijando a las colinas verdes, despidiéndose de ellas muy contenta. Son inicios de la primavera, los sapos brotan como las setas, las laderas se pintan con flores y se visten con parches amarillos formando rompecabezas de girasoles. Algunas aves cantan y vuelan alrededor de sus recios nidos en forma de redondas bellotas y tejidos con algodones prietos. También hay laureles enredados con colmenas y mieles de abejas que lucen en las oscilantes veredas, surcadas como las ciruelas y tambaleándome me voy por ellas.
Y encuentro mil cosas de colores y parvadas de pericos verdes. Lleno mis manos con sus emociones. Aves y mariposas perdidas; caracoles, abetos, juncos y cochinillas con sus corazones. Pero ahora nunca encuentro a tu cuerpo y regreso sobre las mismas huellas porque necesito perderme en tus ojos. Estoy ebrio de no encontrarte, de tantos interminables bosques, tangos y melodías de hojas, de cantos de gallos, de largas piedras achaparradas, de tierras con aromas de jardineras. Y la tarde se me irá sin mirarte...
Por el largo y estrecho camino en donde alguna vez nos miramos, me desmorono como si fuera… una pila de revueltas piedras.
I
Voy ahí con frecuencia a buscarte. El aroma de las ricas flores y los largos caminos en curvas me hacen recordar los momentos vagando en abundantes bosques. Y en una sofocante soledad me conformo con mirar las aguas. El profundo cañón y sus valles producen mil silencios y ecos. Lo encuentro cubierto con brillantes luces y frecuentes miradas opacas. El cielo lleno de blancas curvas, contrasta con mis melancólicos sueños. En el andar errante me convierto como en un pequeño perro que ladra buscando comer en los pastizales, con su curiosa máscara puesta persigue a una asustada ardilla y unos conejos espantados se escapan y se esconden en gruesos abetos.
Un par de tórtolos que ensayan el cortejo de su latente amor parecen cómplices en su nido y se picotean mutuamente. Peinan su plumaje con sus miradas. El follaje de una enramada los envuelve en un completo idilio. Una paloma cruza fugazmente arrastrando el ruido de su vuelo y un depredador la persigue, unas veces entre las copas de los árboles, y otras, en las tranquilas olas del lago.
En esta melodía de tiempos y las ansias de tenerte conmigo me empujan a seguirte buscando. Pronto estaremos como ese par de tórtolos furtivos desprendiendo cientos de suspiros. Porque, ¿Sabes? Vengo a ti a llenarme de aromas, sabores, miradas y recuerdos. Y te encuentro en un gran lago brillante. Te miro desde atrás de unos pinos que parecen verdes veladoras. Estás encendida, esperándome. ¡Regreso a estos tus paisajes! Llenos de eternas jacarandas, con enredados gladiolos rojos y mil recodos en las veredas. Largos caminos que serpentean, van y vienen, suben y bajan, cobijados con sombras muy planas. En el piso y en las blancas paredes hay pinceladas de muchos colores. Miro sin cesar tus bugambilias; verdes, moradas, rojas y lilas, las recoges y me llenas de suspiros. Con ellas pintas con risas y juegas con flores de claveles en mis horizontes.
Luego recorremos cabañas y follajes y terminamos entramados con prontitud. Parecemos estar pintados con luz, radiantes y llenos de barnices, rodeados de taludes con pastos. Los troncos oscuros de los pinos son las barras de acero forjado que nos protegen y ocultan de las miradas indiscretas. Comparto contigo los olores de brea y el perfume de la mojada tierra…
II
Hoy el sol se levantó temprano. Subió por encima del nublado y acarició el valle con sus luces. La densa neblina se levantó cobijando a las colinas verdes, despidiéndose de ellas muy contenta. Son inicios de la primavera, los sapos brotan como las setas, las laderas se pintan con flores y se visten con parches amarillos formando rompecabezas de girasoles. Algunas aves cantan y vuelan alrededor de sus recios nidos en forma de redondas bellotas y tejidos con algodones prietos. También hay laureles enredados con colmenas y mieles de abejas que lucen en las oscilantes veredas, surcadas como las ciruelas y tambaleándome me voy por ellas.
Y encuentro mil cosas de colores y parvadas de pericos verdes. Lleno mis manos con sus emociones. Aves y mariposas perdidas; caracoles, abetos, juncos y cochinillas con sus corazones. Pero ahora nunca encuentro a tu cuerpo y regreso sobre las mismas huellas porque necesito perderme en tus ojos. Estoy ebrio de no encontrarte, de tantos interminables bosques, tangos y melodías de hojas, de cantos de gallos, de largas piedras achaparradas, de tierras con aromas de jardineras. Y la tarde se me irá sin mirarte...
Por el largo y estrecho camino en donde alguna vez nos miramos, me desmorono como si fuera… una pila de revueltas piedras.
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