martes, 31 de marzo de 2009

Fantasía matinal


Fantasía matinal
Artidoro Gracia/febrero 2008

Estaba ahí; de pronto llegó como un ángel. Era muy hermosa en medio de una luminosidad que me encandiló. ¡Le tomé las manos!; estaban rozando las mías como pétalos de rosas rojas, capullos de un olor primaveral. Abatido de placer al acariciarlas; eran tiernas, de terciopelo; su piel bronceada en un cálido manto erizaba la mía. ¡Sus ojos! ¡Unos ojazos!; destellos de perlas mostrándose en sus conchas nacaradas; cubiertos con sus párpados, aleteando como mariposas de colores, haciéndome entrecerrar la mirada. ¡Sentía su aliento!; como unos aromas de suaves brisas matinales saliendo de su boca. ¡Sus labios!; carnosos como fresas, semejantes a un par de bugambilias de color violeta oscuro; al hablar danzaban con el compás de sus sonrisas. ¡Oh mejillas!; delicadas al igual que mullidos algodones, unos caprichosos hoyuelos adornaban sus suspiros. ¡Bellas sonrisas!; sonidos otoñales de Vivaldi, alegrías cantarinas arrullando mis nerviosos desvaríos. ¡Hermosas miradas!; con pestañas ondulantes al ritmo de su pelo. ¡Qué cabellos!; meciéndose en el aire acariciante de la piel desnuda de sus hombros. ¡Su grácil cuello!; adivinaba el latir de sus venas dilatadas y quemaba mis dedos al tocarlas. Toda ella, entera, entregada a mí. Volcán de lava ardiente, cráter de fuego, antorchas encendidas, dientes de blancos marfiles, estrellas derramándose en el cielo, mármoles sedientos. Sus brazos me rodeaban, sus piernas estremecían mis anhelos. Tul vaporoso resbalando, cantos de pajarillos, cadencias, compás de gloria, respiración quebrada, temblor no contenido; ¡Qué murmullo!, gemidos de mujer vibrante, hechizos y locuras de fulgores, de caricias, suaves telas deslizadas con el tacto, manos y labios, capullos hipnotizados abriéndose mágicamente; ¡Mujer hermosa, deliciosa entrega! Yo gemía.
–– ¡Despierta hijo! ¿Qué te pasa?... ya salió el sol, deja de estar dando vueltas en la cama. Se te hace tarde, tienes que ir a trabajar…
El perro junto a la cama, ladró dos veces y terminó por despertarme de aquella deslumbrante fantasía.

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