lunes, 16 de noviembre de 2009

Catedral de Morelia



Artidoro Gracia, 2009

Catedral de cantera, de hierro macizo y de muchos dolores, de anchas cintillas de piedras todas ellas. Catedral de mujeres y niños dormidos, envueltos en gabanes de pálidos amarillos, hombres que acorralan sus quejidos, mujeres que caminan en muchos pasos, van y vienen como si fueran las olas, que arrebatadas desaparecen en su arena de muchos colores. Esquinas de hierro que suben al cielo, se pierden en el reflejo de un cerrar de ojos, agachas la cabeza y respiras de nuevo.
Catedral que termina en la plaza de globeros, catedral que rezas cada tarde de domingo, de lunes a viernes, también los domingos. Sin prisa, el tiempo en ti se resbala, caminas como la tierra, sin que nadie lo sepa, acumulas los polvos de muchas lloviznas.
Catedral que opacas las otras pequeñas capillas.
Adiós catedral, de ti se van los abriles, te quedas y dejas a las mujeres, gimiendo por aquellos placeres. Adiós catedral te quedas y quejas, sin ti las calles no se asemejan a nadie, ni se parecen a los filibusteros que brincaron por tus arroyos.
Libros y peines, pañuelos, juguetes, tamales, pozole, niños con globos.
Adiós catedral de muchas esquinas y varias canteras, de espigas e incienso de velas. Columnas y piedras, pisos cubiertos de mármol.
Catedral que arrancas esperanzas de muchos ajenos.
Adiós catedral te quedas y olvidas.

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