Hoy la luna se despertó muy temprano. Apareció por encima de los tejados como una farola que iluminaba el caserío. Estaba henchida de placer, como si hubiera tenido una larga noche de romance abrazada al sol; Los dos estuvieron perdidos en ellos mismos. Ella cobijada en su pecho y él dormido dentro de ella… Tenía dibujada en su ardiente rostro, una sonrisa de media luna…
Tú eres la luna, yo soy el sol. Al rozar tus labios con los míos, un rayo electrizante recorre mi espalda de arriba abajo. Cuando los aprisiono, un fuego candente me quema por dentro, como si fuera, yo de cera y tú un carbón encendido. Y no me puedo contener por seguir como los colibríes revoloteando alrededor de las comisuras y mejillas libando la miel que de tus labios brota, hechizándome como un desesperado. Y me imagino tu piel desnuda, recorro los bosques, los valles y las montañas finas de tu figura, cabalgo en ellas, deslizo mis brazos, manos y cuerpo por esas laderas de pinos. Y te retiras con esa sonrisa de embrujo y voy tras ella para atraparla en mi boca. Y tras tu cuello, me fundo en tu aliento. El fuego sigue latente. Y llegan las lluvias húmedas, corrientes de cascadas cristalinas que me mojan la cara sonrosada. Tú y tus miradas, tú y tu caminar delicioso, como vaivenes que mecen mis suspiros, uno tras otro, encadenados a los tuyos cuando te me acercas.
Me quedo mirando esta noche a la luna llena de amarillos. Completamente redonda y sedienta de encontrarse con su amante el sol y de fundirse con él en un solo cuerpo durante el amanecer. Las mariposas recorren el vientre de la luna haciéndole sentir una deliciosa corriente que le erizan la piel y el pensamiento. Y el sol la espera con la piel ardiente...
Tú eres la luna, yo soy el sol. Al rozar tus labios con los míos, un rayo electrizante recorre mi espalda de arriba abajo. Cuando los aprisiono, un fuego candente me quema por dentro, como si fuera, yo de cera y tú un carbón encendido. Y no me puedo contener por seguir como los colibríes revoloteando alrededor de las comisuras y mejillas libando la miel que de tus labios brota, hechizándome como un desesperado. Y me imagino tu piel desnuda, recorro los bosques, los valles y las montañas finas de tu figura, cabalgo en ellas, deslizo mis brazos, manos y cuerpo por esas laderas de pinos. Y te retiras con esa sonrisa de embrujo y voy tras ella para atraparla en mi boca. Y tras tu cuello, me fundo en tu aliento. El fuego sigue latente. Y llegan las lluvias húmedas, corrientes de cascadas cristalinas que me mojan la cara sonrosada. Tú y tus miradas, tú y tu caminar delicioso, como vaivenes que mecen mis suspiros, uno tras otro, encadenados a los tuyos cuando te me acercas.
Me quedo mirando esta noche a la luna llena de amarillos. Completamente redonda y sedienta de encontrarse con su amante el sol y de fundirse con él en un solo cuerpo durante el amanecer. Las mariposas recorren el vientre de la luna haciéndole sentir una deliciosa corriente que le erizan la piel y el pensamiento. Y el sol la espera con la piel ardiente...
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